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CLUB REPUBLICANO TERCERA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 

 

SOBRE LA CONSTITUCIÓN EUROPEA Y LA UNIÓN EUROPEA

 

Los referendos celebrados en 2005 sobre el Proyecto de Tratado de Constitución de la Unión Europea celebrados en España, Francia y Holanda, determinaron un severo correctivo a las exageradas expectativas que se habían creado en torno al mismo desde las instancias oficiales (el texto del tratado se puede consultar aquí: http://europa.eu/constitution/index_es.htm ). La participación en España fue del 40%, y en Francia y Holanda el resultado de la consulta popular fue adverso a su aprobación. Los resultados fueron tanto más chocantes por cuanto las mayorías parlamentarias que habían apoyado el voto afirmativo en la consulta, en cada uno de esos países, se habían situado en torno al 90%.

 

El divorcio entre la ciudadanía y los parlamentos nacionales respectivos, y entre los europeos consultados y la práctica totalidad de las instituciones de la actual Unión reveló que la partitocracia en Europa es un cáncer creciente. Y reveló también que el Proyecto sometido a consulta popular tenía un inequívoco aroma de quimera, en el sentido de ilusión monstruosa construida con elementos de variada procedencia. Pero, ¿cuál era la quimera?

 

No está la quimera, desde luego, en la realidad institucional de la Burocracia actualmente existente en las sedes de la Unión. Una realidad ciertamente monstruosa en su volumen y en su presupuesto, pero nada quimérica, sino muy real. Tampoco está la quimera en el deseo generalizado de los europeos de avanzar en un proceso de integración del que, hasta el presente, sólo han derivado ventajas y mejoras y del que muchos seguimos esperando mucho.

 

La quimera estaba, probablemente, en el propio título del texto sometido a consulta: Proyecto de Tratado de la Constitución Europea. Y es que una Constitución no puede ser un tratado, y un tratado no puede ser una Constitución. La lectura del texto, que se puede hacer en el enlace facilitado, ayudará a comprender mejor este aserto. Una quimera que se agrava por la acción saboteadora de las propias instituciones actuales de la Unión , que dejarían de tener la enorme relevancia que actualmente disfrutan si se abriese paso, de modo efectivo, la idea de integración nación nacional en un nuevo país, Europa, que subyace a los deseos de la población del continente.

 

Ante el fracaso cosechado en los procesos refrendarios seguidos en España, Francia y Holanda, unos se alegraron, otros se entristecieron hasta la desolación, algunos hablaron de pesimismo y los demás de reforzar nuestro optimismo. Para los republicanos, la cuestión más bien, fue de intentar comprender el por qué había pasado eso.

 

Y es que la aventura de los europeos en la Historia de la humanidad ha sido la historia de una gran expansión, y de grandes creaciones y aportaciones, aunque no siempre hayan sido todas positivas o memorables. Incluso hoy en día, esa expansión, comercial, tecnológica y cultural, no está restringida ni limitada, sino abierta y en progresión. No está limitada sino que, al contrario, las nuevas posibilidades de la vida, de la experimentación, del desarrollo científico y tecnológico, del aumento de la riqueza y la longevidad, junto con el creciente mestizaje de pueblos y culturas, son perspectivas que se ofrecen cada vez más ante los europeos.

 

Actualmente, la economía globalizada y la cada vez mayor interacción entre sociedades diferentes y distantes, justifican más que nunca que tengamos la necesidad, a veces apremiante, de hacer evolucionar nuestras instituciones, tanto las nacionales como las de la Unión Europea , para crear los nuevos mecanismos que precisa el desarrollo y consolidación de la Sociedad Democrática y de Bienestar que hemos construido y deseamos afianzar y proyectar hacia el futuro. Porque es nuestro deseo, y es casi nuestro deber, afianzar la democracia y el bienestar del presente para asegurarlos en el futuro.

 

Los republicanos tenemos sobre la Unión Europea una idea construida, básicamente, desde los mismos principios con que hemos construido las ideas y proyectos que promovemos para España. Y así, desde nuestra perspectiva liberal-demócrata, proponemos en España lo que hemos llamado “ La República Constitucional ”. Una propuesta de cambio lanzada a la sociedad española, que se plasma en los 21 Principios del Movimiento Cívico por la República Constitucional. Una propuesta de reforma democrática para España que plantea la necesidad -y necesidad urgente- de configurar un régimen presidencialista con todo lo que ello conlleva en términos de erigir un verdadero contra poder parlamentario, y de modificación del sistema electoral.

 

Porque es preciso que a un Poder Ejecutivo fuerte y capaz de dirigir al país, le corresponda un Legislativo libre de sumisiones ante el Ejecutivo. A un Presidente elegido directamente por la ciudadanía para dirigir el gobierno, le ha de contrapesar un Parlamento al que se le hayan revitalizado sus funciones. Este proyecto constitucional aspira a establecer una efectiva separación de poderes, y constituye para nosotros el paso obligado para organizar un gran cambio institucional que sería estúpido y hasta peligroso diferir por mucho tiempo.

 

Obviamente, los republicanos tenemos un nivel de exigencia idéntico respecto de las instituciones europeas. Y es que, en la línea definida hace 50 años por los padres fundadores de la entonces naciente Comunidad Económica Europea, hemos visto como la idea de un Europa Institucional adelantaba y avanzaba, ciertamente, pero a pasos muy pequeños y muy lentos. La puesta en funcionamiento del Euro -pese a la importante excepción británica- ha acelerado el proceso de integración porque los europeos hemos logrado definir una medida común para comparar nuestro consumo y nuestras rentas, lo que nos permite empujar a nuestros Estados, por un lógico sentido del equilibrio, a realizar las necesarias armonizaciones fiscales y sociales.

 

La crisis que conoce Europa actualmente en su crecimiento, tras el rechazo alcanzado por el Proyecto de Constitución Europea en los últimos años, debe hacernos ir más allá, reforzar nuestra voluntad para la elaboración de una verdadera Constitución Europea y lograr, finalmente, la Europa de los ciudadanos, de la democracia y del bienestar: los Estados Unidos de Europa. Y es por eso, por el análogo nivel de exigencia que mantenemos en cuanto a democracia e instituciones, en el ámbito nacional español y en el ámbito supranacional europeo, por lo que comprendemos el rechazo que ha generado el Proyecto de Constitución Europea.

 

Un Proyecto que no ha logrado despertar mucho entusiasmo entre los ciudadanos de los países que no lo han rechazado expresamente. Y es que el bajo nivel de votación alcanzado por el proyecto en el referéndum de España, y el rechazo cosechado en los referendos de Francia y Holanda, lamentablemente, es perfectamente comprensible. Y esto es así porque ese Proyecto no ha sido el fruto de un Proceso Constituyente que no ha existido. Pero no es esa la mayor crítica que se le puede formular. Ninguna Constitución que se precie puede tener una extensión de 300 páginas, o más, según el tipo de letra que usemos para imprimirla.

 

Las Constituciones suelen ser breves y están escritas en un lenguaje simple, fácilmente comprensibles por todos los ciudadanos, aunque no sean expertos en Derecho Constitucional, lo que no sucede con el Proyecto. Aunque tampoco sea esta la crítica más severa que se le puede hacer. Y es que el Proyecto de Constitución Europea, no establece unos poderes claros y bien definidos, y no establece la división y la separación de poderes. Y, además, otorga a la Unión poderes sobre los ciudadanos que ninguna Constitución debería otorgar nunca a ningún gobierno. El Proyecto de Constitución se articula sobre la idea de los “derechos de los países”, y no de los derechos de los ciudadanos, pese a sus equívocos enunciados iniciales. Y, por si fuera poco, establece diferencias entre países que son inaceptables, establecidas en beneficio de dos países muy concretos: Francia y Alemania.

 

En resumen, entendemos y, en cierto modo, celebramos, que el Proyecto de Constitución Europea sometido a consulta en 2005 no haya prosperado y deba ser revisado, porque establece un modelo muy alejado de la idea de Democracia Política que los republicamos defendemos en lo nacional y en lo internacional y porque se aleja de los valores de Libertad, Igualdad y Fraternidad que propugnamos.

 

Y es que lo que hoy sería realmente necesario para Europa, sería abordar la iniciación de un amplio proceso constituyente continental, que nos llevase a la definición de una Europa Unida en la libertad y en el progreso. Y si ello no es actualmente posible, lo que será necesario será preparar las condiciones para que dicho proceso pueda realizarse lo más pronto que se pueda.

 

(Intervención de Pedro López Arriba en el Ateneo de Madrid, el 3 de febrero de 2007, en la Jornada dedicada a “ La Constitución Europea en el 50º Aniversario de la Unión Europea , organizada por Tiempo Liberal)

 

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