CLUB REPUBLICANO TERCERA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 

EL REINADO DE ISABEL IIª

Fuegos fatuos

(Quintana, coronado como poeta por Isabel IIª)

 

EL TIEMPO DE LA REINA CASTIZA (1844-1868)

 

Durante los primeros años de la llamada "Década Moderada", bajo los gobiernos presididos por Luis González Bravo y por el general Ramón Mª Narváez, el “progresismo” español atravesó un proceso de desintegración, favorecido por la represión, que condujo a su división en cuatro tendencias: los "ministeriales" o "anglo-ayacuchos", liderados por Espartero desde su exilio, los "progresistas puros", dirigidos por Joaquín Mª López, los "olazaguistas", de Salustiano Olazaga, y, los "progresistas legales", liderados por Manuel Cortina. Los republicanos, que se acababan de distanciar de los progresistas desde 1841, también se escindieron en varios grupos.

El primero de los grupos republicanos fue el " madrileño ", que pretendía la alianza con los progresistas. Estaba liderado por Aygualls de Izco, García Uzal y Antonio Seijas, y contaba con algunos periódicos, como "El Guindilla". También estaba el grupo " radical ", de tendencia no pactista y dirigido en solitario por Patricio Olavarría. Como medio de difusión disponían del periódico "El Huracán". Por último, el tercer grupo republicano, y el más radical de los tres, era el denominado " revolucionario ", partidario de la insurrección armada, tanto contra gobiernos moderados como progresistas. Estaba dirigido por Abdón Terradas, quien actuaba desde su exilio en Francia, donde conectó con grupos socialistas y comunistas, que influyeron en su futura evolución. Este grupo "revolucionario" volvió a las insurrecciones en 1843. En agosto, Abdón Terradas, proclamó la 1ª República Española en Figueras (Gerona), sin que ello tuviera ningún tipo de repercusión en el resto del país. Esta acción, más teatral y testimonial que práctica, llevó de nuevo al exilio al líder republicano, así como al cierre del periódico "El Republicano". Tres meses después, en noviembre de 1843, tendría lugar una nueva insurrección armada en Barcelona, que acabó con un nuevo bombardeo de la ciudad y con la disolución de la Milicia Nacional , por orden del Presidente del Gobierno, Luis González Bravo.

Los años comprendidos entre 1843 y 1848, permitieron un período de reflexión en el republicanismo español, a la vez que de expansión. Fue también la etapa de formación de la que sería la generación de líderes republicanos del "Sexenio Democrático" de 1868 a 1874. En este período surgirían líderes tan carismáticos como Francisco Pi y Margall, Estanislao Figueras, Francisco Núñez y Capdevila, Juan Tutau, Narciso Monturiol, Fernando Garrido o Rovira. Dentro de este período, en concreto a lo largo del año 1847, se comenzó a fraguar una alianza táctica entre republicanos y socialistas utópicos, que culminaría, dos años después, con la creación del nuevo Partido Demócrata, como escisión del sector más avanzado del Partido Progresista, en el que los republicanos eran ya clara mayoría.

En 1849, los republicanos desarrollaron una amplia actividad política contra el gobierno del general Narváez, junto con progresistas, socialistas y agrupaciones obreristas, y con el apoyo de la nueva prensa fourrierista (" La Libertad " y " La Asociación ", sobre todo). El resultado inmediato, que ya venía gestándose desde el año 1847, sería la ya mencionada creación del Partido Demócrata (6 de abril de 1849), encabezado por José Mª Orense, y que contaría entre sus dirigentes con figuras tan relevantes como Francisco Pi y Margall, Fernando Garrido, Sixto Cámara, Cervera y Ordax de Avecilla. Su programa político se resumía en seis puntos básicos: plena soberanía nacional, derechos del hombre, sufragio universal, sistema unicameral, elección libre de Ayuntamientos y política social avanzada, y, con él, los republicanos (que eran mayoría en el nuevo partido) prefirieron constituir un partido de ideología más amplia, todavía no confesional en cuanto a la forma de gobierno (incluso aceptando, de momento, la monarquía de Isabel II), con objeto de que la ideología republicana fuera conquistando poco a poco a la sociedad española y la proclamación de la República se produjera en el momento en que las circunstancias políticas fueran más favorables.

Por su parte, el ya veterano Partido Progresista, por medio de sus dirigentes Nicolás Mª Rivero, Ordax de Avecilla, Sixto Cámara y Ramírez de Arellano, inició también por estos años una labor cultural muy amplia, creando Centros de Reuniones Científicas para la juventud, de acuerdo con su propio programa y con las indicaciones de la prensa progresista, como "El Amigo del Pueblo", " La Gaceta Mercantil ", "El Clamor Público" y " La Reforma ", que desde sus editoriales y artículos de opinión, defendían la necesidad de crear Escuelas y Gabinetes de Lectura Populares, Asociaciones Obreras, Talleres, Escuelas Populares y asociaciones de Socorros Mutuos.

A los gobiernos conservadores de la época, estas actividades culturales de progresistas y demócratas no debieron de parecerles convenientes, como lo demuestra el hecho de que el ministro de la Gobernación del tercer gobierno presidido por Narváez (20 de octubre de 1849 a 14 de enero de 1851), Luis José Sartorius, lanzara contra estos, en julio de 1850, una dura campaña de represión y censura, que culminaría con el cierre administrativo de los periódicos " La Asociación ", "El Amigo del Pueblo" y " La Creencia ", y con la imposición de fuertes multas a Fernando Garrido y Narciso Monturiol.

VICALVARADA Y BIENIO PROGRESISTA (1854-1856). CONSOLIDACIÓN DEl PARTIDO DEMÓCRATA

En junio de 1854, el pronunciamiento militar de Vicalvaro (" La Vicalvarada "), encabezado por los generales O´Donnell y Dulce, derribó al gobierno conservador de Luis José Sartorius, conde de San Luis (19 de septiembre de 1853 a 28 de julio de 1854) y con él terminaba a una larga década de gobiernos conservadores en el poder, en la que los republicanos, a pesar de las persecuciones y represiones sufridas, habían conseguido reorganizarse y renovarse. El pronunciamiento de Vicalvaro fue auspiciado por un sector moderado del propio conservadurismo (el dirigido por Ríos Rosas y Canovas del Castillo), contando con el apoyo financiero y político de un importante grupo de banqueros, interesados en un cambio controlado y realizado desde el sistema, y de las embajadas de Inglaterra y de los EE.UU favorables, a que España volviera a la política librecambista del anterior período esparterista, y a interesadas pretensiones norteamericanas sobre la Isla de Cuba.

Durante las primeras jornadas el pronunciamiento parecía estar condenado al fracaso, sobre todo tras su derrota militar en los alrededores del pueblo madrileño de Vicalvaro, ante las tropas leales al gobierno Sartorius. El general O´Donnell, que ya preparaba su huida hacia Portugal, realizó un último intento, entrevistándose con el general Serrano en Manzanares (7 de julio) y encargando, al entonces joven y prometedor político Canovas del Castillo, la redacción de un Manifiesto (el conocido como "Manifiesto de Manzanares"), en el que se vio obligado a aceptar y reconocer varios de los postulados del Partido Progresista. Desde este momento, el general O´Donnell se vería desbordado por los propios acontecimientos y llegaría a perder incluso el control de la situación, viéndose presionado por el general Dulce y por los propios progresistas para que llamara a España al carismático general Baldomero Espartero (todavía xiliado en Londres) y para hacerse cargo del futuro gobierno de coalición liberal (moderados y progresistas) que esperaban formar.

Ante la indecisa situación de los acontecimientos, pocas semanas después (el 17 de julio) el sector radical del progresismo se sublevó en Madrid, llenando la ciudad de barricadas defendidas por milicias ciudadanas armadas. La situación revolucionaria se extendió rápidamente por varias ciudades, como Barcelona, Zaragoza, Valladolid y Valencia, y en Madrid alcanzó una especial virulencia, llegando a asaltar y a saquear algunos grupos de exaltados las casas de la madre de la reina Isabel II (la reina Mª Cristina) y del ex primer ministro Sartorius.

Con la llegada a Madrid del general Espartero, el 28 de julio de 1854, el histórico líder progresista logró en pocas semanas, entre amenazas y promesas, liquidar el proceso revolucionario en marcha, sustituyendo las Juntas Revolucionarias y de Salvación por Juntas Provisionales controladas totalmente por sus partidarios, que relegaron a los progresistas y republicanos a puestos secundarios y meramente consultivos. Ante la nueva situación creada, los Partidos Progresista y Demócrata debieron replantearse toda una serie de alianzas y de tácticas de actuación de cara a los siguientes años.

En el Partido Progresista, un sector moderado el encabezado por Joaquín Mª López, el general Evaristo San Miguel y Calvo Asensio, se acercó al bloque de poder de la mano del general O´Donnell, al que apoyó en la fundación de un nuevo partido, La Unión Liberal, especie de partido de centro y puente entre progresistas y moderados, el sector más progresista (encabezado por Salustiano Olazaga) se declaraba progresista puro y se acercaba a los demócratas.

El Partido Demócrata aprovechó la orientación liberal del nuevo gobierno para acercarse a posiciones republicanas. Por primera vez en su historia, los demócratas republicanos conseguirían su reconocimiento oficial, mediante el nombramiento, como diputados a Cortes, de varios de sus líderes más emblemáticos, como Francisco Pi y Margall, Emilio Castelar, Nicolás Mª Rivero, Fernando Garrido y Cervera, entre otros. El debate ideológico, en las Cortes produjo un interesante debate parlamentario en el que veintiún diputados votaron contra la monarquía de Isabel II (sesión de 30 de noviembre de 1854). También se aumentaron numerosas publicaciones progresistas y federalistas, como el "Catecismo Federal" (1855), del cartagenero Fernando Garrido, en el que se planteaban las reformas y actuaciones que serían las bases de los futuros programas federales de los años 70 y se definían los principios ideológicos básicos de la futura República Democrática, Federal y Universal.

Un año más tarde, en 1856, Francisco Pi y Margall publicó la hoja clandestina "El Eco de la Revolución ", y su obra "La Reacción y la Revolución", en el que indicaba que "la revolución no debería ser puramente política, sino también social". Junto con estas publicaciones, destacarían otras de matiz republicano y obrerista, como "El Eco de la Clase Obrera ", "El Eco de las Barricadas", "El Cambio Universal" y "El Eco de la Revolución ", en las que aparecerían los artículos de Pi y Margall ("Influencia de las Asociaciones", "Del Crédito" y su serie sobre los aspectos más destacables de su reciente libro " La Reacción y la Revolución "), Fernando Garrido (" La Miseria ", "El Pueblo" y "El Trono y Espartero y la Revolución ") y de Cervera (" La Voluntad Nacional " y "Solución práctica del problema social").

El año 1856, y además de por la proliferación de publicaciones republicanas y federalistas, se caracterizó también por otros dos hechos.

El primero fue la preparación y la aprobación, sin que llegara a promulgarse, de la Constitución de 1856, en la que se acogían muchas de las demandas progresistas de la época, como la plena soberanía nacional, la libre elección del Senado y de los Ayuntamientos, la implantación de los Jurados de Imprenta, el recorte de las atribuciones del Monarca, la reinstauración de la Milicia Nacional y la Ley de Desamortización preparada por el ex-ministro de Hacienda, Pascual Madoz. La aprobación de este proyecto de Constitución contó con la abierta oposición de O´Donnell y de Escosura y sería contestada con motines en Castilla la Vieja (Burgos, Valladolid, Palencia y Benavente), incitados por los moderados, que terminaron por hacer caer al gobierno de Espartero.

El segundo de los acontecimientos del año fue la primera huelga general, en julio de 1856, a la que siguieron diferentes sublevaciones armadas en Madrid (15 de julio), Barcelona, Zaragoza, Jaén, Teruel, Alicante y Murcia, producidas en protesta contra el nuevo gobierno presidido por el general O´Donnell (de 14 de julio de 1856, a 12 de octubre de 1856), por su política restrictiva en materia de derechos sociales. Las protestas terminaron en fracaso, acompañado de una dura represión contra huelguistas y sublevados. Mucchos de éstos fueron encarcelados, desterrados, e incluso ajusticiados. Por último, el 15 de julio de 1856, el general Serrano ordenó el bombardeo del palacio de las Cortes de Madrid, como medio intimidatorio para conseguir la disolución de la Cámara.

HUNDIMIENTO DE LA MONARQUÍA DE ISABEL II (1856-1868). ASCENSO DEL REPUBLICANISMO

El año 1856 terminó con la vuelta al poder de los moderados con Ramón Mª Narváez a la cabeza, quien gobernó entre el 12 de octubre de 1856 y el 15 de octubre 1857. Narváez comenzó su gobierno con una dura represión contra progresistas, demócratas, republicanos, socialistas y asociaciones obreras, y con la liquidación de la legislación promulgada durante el Bienio Progresista precedente.

En el siguiente año, las nuevas Cortes Constituyentes, de mayoría moderada, reformaron la Constitución de 1854 y derogaron el Acta Adicional, dando carta blanca al general Narváez para que continuara con su política de contundencia represiva, que alcanzó sus más altas cotas durante las llamadas agitaciones campesinas de Andalucía (Sevilla, Utrera y Granada), Extremadura y Castilla, en las ue el Narváez autorizó el fusilamiento de 35 campesinos, sin ningún tipo de juicio previo.

Tras varios gobiernos moderados presididos por Francisco Armero y Francisco Javier Istúriz, que recibían fuertes presiones de los progresistas, la Unión Liberal de O´Donnell retornó al poder en junio de 1858, manteniéndose durante cinco largos años, hasta el 2 de marzo de 1863. Bajo los gobiernos moderados, los demócratas y republicanos sufrieron tiempos de clandestinidad y persecución, que les obligó a organizarse en sociedades secretas y a editar de forma clandestina un "Manifiesto político de la Junta Nacional del partido democrático español" (elaborado por José María Orense y repartido el 1 de febrero de 1858), en el que declaró abiertamente que la República era la "única forma de gobierno aceptable para la democracia".

Simultáneamente, avanzaba la descomposición de la Monarquía de Isabel II, en un proceso acumulativo de torpezas políticas, corruptelas, camarillas cortesanas (Sor Patrocinio –"la monja de las llagas"-, el padre Claret, etc.) y escándalos reales (Serrano, Marfori, entre otros muchos). Tras la denominadad crisis de Dª Manuela, provocada por la esposa del general O´Donnell en enero de 1863, al no conseguir un alto cargo en el Ministerio de la Gobernación para su sobrino, la Unión Liberal comenzó su desintegración al abandonar el partido dos de sus más destacado líderes: Antonio de Ríos Rosas y Antonio Canovas del Castillo.

En el período final del reinado de Isabel II, los demócratas y, sobre todo, los republicanos, alcanzaron una considerable popularidad en toda España, comenzando a articular a un considerable número de seguidores. Bajo consignas de purismo y de lucha abierta contra la corrupción del régimen isabelino, y orientando al país hacia la necesaria renovación política, que debería hacerse bajo otro sistema de gobierno totalmente distinto a la de la dinastía reinante e, incluso, al margen de los propios cauces monárquicos.

La clarificación de objetivos trajo como consecuencia ciertos enfrentamientos ideológicos y doctrinales entre progresistas y demócratas, e incluso entre diferentes grupos de los propios demócratas, como sería el caso de los "socialistas utópicos" de Fernando Garrido, frente a los "individualistas" de José Mª Orense, a propósito de la polémica surgida entre ambos sobre la "anulación del individuo por las ideas socialistas", así como sobre la "posible absorción de los intereses sociales por el Estado". En la mismo línea de debate ideológico habría que encuadrar la polémica doctrinal sobre "socialismo e individualismo", suscitada en 1864 entre Pi y Margall, y los demócratas individualistas como Castelar o como García Ruiz.

La creciente actividad de los republicanos recibió de nuevo un duro golpe, a consecuencia de la represión llevada a cabo por los generales Narváez y O´Donnell) contra toda la oposición al régimen, por las revueltas estudiantiles de la "Noche de San Daniel" (1865) y, sobre todo, por los intentos de insurrección militar de Madrid (Regimiento de Saboya en 1864), Pamplona y Valencia, dirigido por el general Prim, en 1865. A consecuencia de ello suspendieron todas las asociaciones republicanas y obreras, se clausuraron sus clubes, ateneos y lugares de reunión, junto a su prensa y publicaciones, y se abrió un nuevo período de persecución política y de clandestinidad, que provocó la huida y el exilio de muchos líderes republicanos.

 

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