CR3
CLUB REPUBLICANO TERCERA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 

invitación acto

 

PERSPECTIVA LIBERAL DEL REPUBLICANISMO

 

por BERNARDO RABASSA ASENJO

Presidente del Club Liberal Español

 

 

El liberalismo no puede defender para el futuro, una vez desaparecido Juan Carlos I, sino una III República Constitucional, igual a la que hoy rigen en los países más avanzados del mundo: USA, Alemania, Francia, Italia, pues nuestra historia liberal, que se ancla en el S. XVII con los Ilustrados Jovellanos, Aranda, etc., cristaliza en la Constitución de 1812, y se desarrolla en el S. XIX en avatares constantes de lucha contra los “serviles” a Fernando VII, pronunciamientos y revoluciones, que D. Práxedes Mateo Sagasta estabiliza en la restauración, desde la I República a la II, ambas destruidas por sí mismas, por los cantonalismos la primera, y por la división de las dos Españas, la II, y en las que los liberales tuvieron un papel no sólo relevante sino protagonista, del que hoy pretende adueñarse la “izquierda” oficial del PSOE que gobierna el país, y que, apalancada una vez más en la monarquía borbónica, limita la libertades individuales, que sólo podrían ser realizables en la III República Constitucional que propugnamos desde aquí y que, basándose en la Constitución de 1978, termine de una vez por todas con esta inacabable Transición, al país adulto que ya somos y que se merece, lógicamente, una nueva Constitución, cuando se plantee el problema de la sucesión.

Hablando de liberalismo y PSOE, me referiré, pues, como ejemplo de apropiación, a un libro:

La IZQUIERDA LIBERAL , de Javier Moreno Luzón. Un libro de biografías, de once biografías de los liberales con los que entroncamos los liberales del presente, exiliados por la apropiación del concepto izquierda por el PSOE en el poder, que muchas veces los hace suyos, olvidando que hay una pequeña pero inmensa diferencia, y es que no eran ni somos marxistas. No se debe olvidar que el socialismo procede de una escisión de la Internacional Comunista y que la dialéctica marxista enfrenta al capitalismo contra el proletariado. Claro, que se les han caído los palos del sombrajo, dado que la riqueza de los países propiciados por los liberales les han dejado sin proletariado obrero al que redimir, y por lo tanto andan a la caza de ideas falsamente “progresistas” con las que ilustrar una ideología socialista que ya no tiene ningún sentido, salvo el totalitarismo de pensamiento único, de las clases medias enriquecidas, y que han transformado los países occidentales en mesocracias que precisan de ideologías, como la liberal, que defiende las libertades ciudadanas, las de los individuos, dándoles nuevas ilusiones, al hacer del hombre individual e irrepetible, el centro antropológico del presente, del pasado y del futuro. Es solamente sintiéndonos uno a uno trascendentes, como podemos soportar con paciencia o con alegría nuestro paso por este mundo, que de tan cruel como es a diario, sólo nos podría consolar la fe en la vida después de la muerte. Aunque mucho me temo que el hombre posmoderno se ha dado ya cuenta que esta hipótesis tiene pocas posibilidades de realización. ¡Ojalá pudiera ser de otra manera! De modo que si nos ponemos a vivir el día a día, y nos sentimos trascendentes por ser únicos y con ilusiones éticas y solidarias, o entraremos en la depresión, o en la dispersión artificial del hedonismo dominante.

Once biografías : Canalejas, Melquíades Alvarez, Joaquín Mª López, Santiago Alba, Sagasta, Negrín, Salmerón, Flórez Estrada, Manuel Azaña, Victoria Kent y Fernando de los Ríos. Cada personaje es biografiado por un historiador distinto, pero todos ellos han sido seleccionados por ser progresistas, término polisémico del que hoy en día se abusa en forma masiva y monopolística, especialmente por los Socialistas, que intentan apropiarse de esas figuras como propias, cuando no son sino intelectuales y políticos de origen burgués, catedráticos, médicos, ingenieros, que bebieron en las raíces liberales del Siglo XIX: los liberales de Cádiz y los que formaron el Partido Liberal, hasta la Dictadura de Primo de Rivera. No fueron revolucionarios, ni siquiera en la República, y en la Monarquía precedente, ni quisieron instalar una república marxista, como sí lo deseaban Largo Caballero y los comunistas, Carrillo, Pasionaria, etc. en contra del parecer del propio Stalin, sino única y exclusivamente ilusionar a la España de aquél entonces con el desarrollo de la ilustración, la educación y la riqueza. Defendían el progreso, ante la miseria moral del Frente Popular, algunos de ellos, los que tuvieron que convivir o enfrentarse con quienes querían implantar el sistema soviético, en la piel de toro. Se menciona su “krausismo” originario, pero se olvida que de ese casi desconocido filósofo en Alemania fue inspirador de la Institución Libre de Enseñanza. Hubo también algunos otros intelectuales, que han sido injustamente olvidados en el libro antes mencionado: Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Justino de Azcárate, Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, el Doctor Teófilo Hernando, que por modestia no aceptó la presidencia de la República, pero sí Don Niceto Alcalá Zamora, y, por qué no, Julián Marías. A tres de estos últimos me cabe el enorme orgullo de haberlos conocido personalmente, y de poder decir que aportaron el hilo conductor que, salvando la dictadura, nos llevó a 1978, a los que habría que añadir a dos catalanes, Tarradellas y Ramón Trías Fargas, y en Europa, a von Misses, Popper y Hayek.

El franquismo impidió a los no exiliados cualquier desarrollo liberal, pues de inmediato éramos tachados, censurados, vituperados, impidiendo que nuestros escritos vieran la luz, hasta la muerte del dictador. No obstante, el contubernio de Munich puso al descubierto a algunos de ellos, que por asistir al mismo se vieron desterrados.

Los nombres de aquellos que bordearon la legalidad deben ser aquí citados: Joaquín Satrústegui, Juan Antonio de Zulueta, Joaquín Garrigues Walker, Enrique Larroque de la Cruz, Fernando Chueca Goitia, Antonio Fontán, Rafael Calvo Serer, Carlos Ollero, Antonio García Trevijano, Luis González Seara, Jaime Miralles, Vicente Piniés, Joaquín Muñoz Peirats, y un largo etcétera, entre los que se cuenta como testigo y necesario cooperador el que esto suscribe, y que al rebuscar en la hemeroteca, firmamos entre 32, el 2 de julio de 1976, un manifiesto, reclamando referéndum, reforma constitucional, amnistía y libertades. Allí nos acompañaban socialistas como Felipe González, Paulino Garagorri y Enrique Tierno Galván, Democristianos como Oscar Alzaga y Ruiz Jiménez, Socialdemócratas como Paco Fernández Ordóñez, y Comunistas como Armando López Salinas y Ramón Tamames.

El NEXO, pues, existió y ni la Dictadura, ni los nostálgicos del franquismo en 1976-77, ni el 23F, pudo con nosotros.

Desde entonces ha llovido mucho, pero las distintas intentonas liberales: UCD primero, en solitario después, en 1979, el Partido Liberal, en el que compartía cartel en Madrid con José Alcalá Zamora (catedrático de Historia) y Emiliano Aguirre (el antropólogo descubridor de Atapuerca). La Federación de Clubs Liberales, con Antonio Garrigues; el CDS, con Suárez; y el Partido Reformista, con Miguel Roca, las Fundaciones Salvador de Madariaga, Foro Jovellanos (Eduardo Punset y más tarde el que suscribe) y Ortega y Gasset, defendiendo el legado del Colegio Estudio y la Institución Libre de Enseñanza), jalonaron y jalonan la imposibilidad del centro izquierda liberal, pues es el sistema electoral, con la actual ley, el que prima las minorías localistas y que castiga a los partidos nacionales que no son hegemónicos. Como ya es sabido, con ochocientos mil votos, Izquierda Unida tiene 2 Diputados, y CIU, con idéntica cifra, tiene once. Hay que destacar, sin embargo, que existen en el PP algunos notorios liberales, de los que Esperanza Aguirre, Rodrigo Rato y Eduardo Zaplana son figuras destacadas.

La Ley Electoral es, pues, uno de los tres grandes problemas con los que se enfrenta el liberalismo, a los que hay que añadir: la Ley de Partidos Políticos y la subdivisión de España en Autonomías, que probablemente propician la necesidad de un cambio de la Constitución, y que generaría también un cambio de Régimen. Sin embargo, todavía no ha llegado la hora, que probablemente está lejana, o quizás no! 2010 podría ser una buena fecha.

Y centrándonos en las próximas elecciones generales:

¿Cómo puede afectar a los resultados de las próximas elecciones generales la presentación de la Plataforma PRO (Partido UPD), en coalición con Ciutadans y otros movimientos similares, que se multiplican día a día?

Hasta hoy, el enfrentamiento ha sido entre dos grandes fuerzas nacionales: PP y PSOE –hoy PZOE-, asimétricamente condicionados por partidos nacionalistas (regionalistas): PNV, CIU, BNG, Partido Andalucista, y algunos afines a los dos grandes: UPN, Izquierda Unida, Partido Socialista de Cataluña, Coalición Canaria, estos últimos creando cada vez mayores problemas en el eje de la desintegración nacional, auspiciada específicamente hasta hoy por el Gobierno de Zapatero.

Ante la asimetría, intelectuales y pensadores, conscientes de que ese es el camino de la ruina, han comenzado a despertar, con nombres diversos: Boadella (que ha tenido que exiliarse de Cataluña), Arcadi Espada, Carreras, Miguel Azurmendi, Fernando Savater, Rosa Díez, Fernando Buesa, que ya han ganado la calle con sus manifestaciones públicas sobre el eje del terrorismo y de la imposición lingüística, cuando no la Educación para la Ciudadanía, así como la proliferación de Estatutos, algunos de ellos apoyados por el PP y el PSOE, de común acuerdo, pero al parecer sin ningún interés para los ciudadanos (en Barcelona la abstención superó el 50%), a los que interesan más los problemas ordinarios: paro, hipotecas, inmigración, desarrollo económico, la corrupción política...

Todo ello demuestra “ab initio” que los partidos políticos dominantes se están alejando progresivamente de los ciudadanos y que, por lo tanto, otras alternativas pueden provocar un vuelco inesperado de la situación. No se trata tanto de saber si uno u otro van a perjudicar al PP o al PSOE, sino un problema de mayor calado: ¿a dónde va España?

El barómetro del CIS de Mayo 2007 calificaba la situación política como regular (40%), o mala (25'8), o muy mala (12'4%), total: 78'2% , frente a buena (13'8%), o muy buena (0'8%), total: 14'6% , dando razón a las nuevas Plataformas.

De otra parte, la situación de “todos” contra el PP en Baleares, Andalucía, La Rioja y en otras muchas Comunidades y Ayuntamientos debe calificarse de reedición del “Frente Popular” de la República, pues los famosos pactos de “progreso” son más bien de “regreso”, o “paleoprogreso”, como he oído decir por “ahí”, ocultando intereses de poder, o económicos, en la mayoría de los casos.

Además, si sólo nos fundamos en los resultados de las pasadas elecciones para hacer prospectiva: en enero de 2007 la intención de voto para el PSOE, según Metroscopia (ABC) era de 41'1%, y de 40'4% para el Partido Popular. Se lucieron, pues, el 27 de mayo. El PP sacó el 35'6% en las Municipales y el PSOE el 34'9%, y lo que todavía es más llamativo, en las Autonómicas el PP (13 Comunidades) sacó el 50'4%, mientras que el PSOE se quedó en el 38'3%.

La abstención, de otra parte, fue la ganadora: el 36'2%, es decir, 12.737.095 personas, y el 5º partido: el voto en blanco, con el 1'17% (427.653 personas), algo más de la mitad de los que votan a CIU, más que ERC, PNV o CC.

Con esta situación, publica La Vanguardia (15 de julio de 2007) que el PSOE, según el Instituto NOXA, tiene una intención de voto del 44'1%, y el PP del 37'9%, lo que significará que éste crece de 164 Diputados a 168-169, y el PP se mantiene: de 148 a 149. Y las últimas encuestas conocidas, sin embargo, mantienen lo que se llama “empate técnico”, es decir, muy parecido a las municipales.

Los últimos datos del Índice IPEP, realizado por Ingenium Lab (un grupo de expertos que se coordinan entre sí a través del Master de la Fundación Ortega y Gasset y de José Luis Sanchís, el politólogo, consideran en un 60% que ganará el PSOE las generales y sólo el 40% el PP.

Este Índice, que viene publicándose desde Octubre 2006, situaba hasta enero 2007 al PSOE en índices del 60 al 70%, frente a sólo 30 al PP, pero desde enero la distancia se ha acortado a unos 20 puntos (la mitad que antes), con una ligera tendencia al alza el PSOE en junio 2007.

Los partidos políticos que han gobernado desde la Transición orillan los temas que no les convienen, pues ni siquiera el PP, cuando gobernó con mayoría absoluta, intentó resolver el problema electoral que le creaban los partidos nacionalistas, haciendo de bisagra, hacia la ruptura de España y no a la aplicación de políticas que de verdad le interesan a los ciudadanos. Tampoco les interesa un cambio en la Ley de Partidos Políticos, ni siquiera una que les hiciera internamente democráticos, o que les alejara del “reparto” de la “tarta”, y con ello de su influencia en la economía y en la justicia, con los conocidos problemas provocados por el nombramiento político de los miembros del Tribunal Constitucional, del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial

¿Qué pasará, pues? Con una Ley Electoral que nos hace desiguales (16.000 votos bastan para un Diputado en Soria y en Madrid más de 130.000). Con un PSOE, con un voto sobre todo rural, ya que de los 22 millones que fueron a las urnas, 9 millones lo hicieron en las ciudades donde el PP obtuvo el 41'5%, frente al PSOE (34'8%), casi 7 puntos, mientras que a nivel nacional les separaba apenas un punto, que luego los pactos locales se han encargado generalmente de cambiar de voluntad popular.

A ello se añade la penosa Ley Electoral de D'Hondt, con un sistema proporcional corregido que hace que en el Parlamento español los nacionalismos o los regionalismos estén representados muy por encima de su realidad. Así, como ya hemos dicho antes, IU, con sus 800.000 votos, dispone de dos Diputados, y CIU, de 11, con cifra similar. Cualquiera de las ciudades de Madrid: Móstoles o Alcorcón, el Corredor del Henares, tiene más población, y no obstante no tienen ninguna representación específica. Esta es la razón del tremendo clima y crispación política que han creado los vascos con su ETA y Batasuna, y qué decir del PNV, y del antipatriota e irresponsable Arzallus, y que está también comenzando en Cataluña, con los Carod Rovira (IR), Puigcercós, etc., precedidos por el extinto Maragall, cuyo alhzeimer, por mucho que lo lamentemos, no le exime de sus responsabilidades históricas.

Cambiar, pues, la Ley Electoral y la de Partidos Políticos se revela básico para el futuro de los actuales partidos, que de no hacerlo pueden encontrarse con desagradables sorpresas, como lo demuestra la REVOLUCIÓN CIUDADANA que ya ha empezado a ocurrir, y que puede poner en tela de juicio el entero estado de la nación.

El sistema actual está caduco y no funciona, pues los españoles, salvo Madrid y Valencia (y de ahí su éxito económico y social), nos hemos dedicado sobre todo a problemas regionalistas, olvidando que lo importante es la riqueza, el crecimiento, el desarrollo y la cultura, y que el problema vasco o catalán, no por no ser importantes, no pueden ser el pan nuestro de cada día con sus victimismos, esterilizándonos a un gran esfuerzo nacional, en Europa y en el mundo, y para más inri con la política delirante del Gobierno Zapatero.

Este es, pues, el primer punto a debatir de una III República Constitucional: más vale federalismo, con catalanes y/o vascos de socios, que de hijos pródigos pedigüeños, y creadores de constantes tensiones, que pidiendo cada vez más, no sabemos a dónde nos quieren llevar. Por supuesto, los liberales somos claramente internacionalistas, como Salvador de Madariaga, y antinacionalistas, por lo que se refiere a privilegios, fueros y otras delirantes estupideces que, por anacrónicas que parezcan en el Siglo XXI, nos tienen ocupados hasta el infinito.

En el 76 Aniversario de la proclamación de la II República Española, el 14 de abril de 1931, nos reunimos hoy aquí, no sólo para proclamar nuestro fervor republicano, sino para analizar, desde la España de 2007, si en la España de 2015, 2030 ó 2050, conseguiremos, con una III República Constitucional, una Nación más próspera, a la vez que equitativa y solidaria, realmente democrática, de ciudadanos iguales ante las leyes, disponiendo de libertad personal, y con una organización social en el seno de la Unión Europea, que nos permita situarnos entre los líderes, y ser aceptados, y si cabe admirados, por la armonía, con la que compartimos un destino común, en paz y riqueza económica y cultural, con un crecimiento sostenible, respetando el medio ambiente y el paisaje naturales.

Estamos hablando de una España con una evolución hacia los 50, y más tarde los 65 millones de habitantes, principalmente urbana (hoy ya el 50% de la población vive en ciudades de más de 50.000 habitantes), con el fenómeno inesperado del crecimiento exponencial de Madrid, hoy ya con 6'5 millones de habitantes y con tendencia al crecimiento a los 15, como mucho en dos décadas.

Nuestra organización autonómica, con 17 Comunidades Autónomas, es la responsable, curiosamente, del crecimiento central, pues las empresas huyen de los actualmente “mafiosos” gobiernos regionales al único lugar donde la Administración no exige “regalías” al esfuerzo en I+D+I de los empresarios, es decir, Madrid. Pero este “café para todos” como organización del Estado, frente a los países federalistas, como USA, Alemania o Bélgica, o centristas, como Francia, Italia o Portugal, se está revelando un fracaso, básicamente por lo antes expuesto, pero también por la proliferación de leyes y Estatutos, que se producen sistemáticamente para dar que hacer a los políticos, en tanto que sus poblaciones se desinteresan, como ha pasado en los referendos de Cataluña y Andalucía, donde ya se vota por debajo del 40%, mientras crecen parkinsonianamente a millares los funcionarios en las CCAA, familiares y amigos, colocados por los “taifas” locales, con el consiguiente agotamiento de los presupuestos y de la posibilidad de invertir en desarrollo.

La Corona debería haber ya intervenido, si la Monarquía Constitucional de 1978 es acaso legítima, y poner a cada uno en su sitio, en aras de que todos los españoles seamos iguales ante la ley, y sin embargo, tenemos 17 Españas y leyes a toneladas, producidas por Parlamentos que se dedican a legislar sin cesar, hasta hacer imposible tener un cuerpo jurídico igual y netamente comprensible. Más nos valdría menos leyes, menos funcionarios e inspectores, y más “consuetudine”, como los países sajones (USA y UK).

¿Qué preocupa a los españoles personalmente? (C.I.S.)

Economía y Vivienda (22'8 %– 22'7%) (Hipotecas)

Paro (19 %)

Inseguridad Ciudadana (14'8%)

Inmigración (11'5%)

Terrorismo, etc. (8'8%)

Pero, sin embargo, nos importa un pimiento el crecimiento sostenible, la accidentalidad vial (por debajo del 3%), la corrupción (0'6%), las guerras (0) o la justicia (0'9%), los Partidos Políticos (3'8%), el maltrato a la mujer (0'4%), la crisis de valores (1'5%), la juventud (1'3%), la educación (3'3%), el Gobierno (0'3%), los nacionalismos (0'3%), las negociaciones con ETA (0'1%).

Y es precisamente todo esto, que no parece importarle a nadie, de lo que más se ocupan y preocupan los Partidos Políticos, el Gobierno, y en definitiva el Estado. ¡Si esto es así, amigo Fernando Vallespín, presidente del CIS, ya pueden marcharse todos a su casa! pues la economía, sin que en ella metan las narices, hasta ahora ha ido bien, con un crecimiento del 4'20% en 2006. En Madrid, el 4'55%, doblando el crecimiento de la UE, y con una convergencia a la UE a 27 países del 100%. Menos mal que Zapatero no tiene ni idea de economía, aunque desde que lentamente va metiendo la mano (OPA de Endesa, declaraciones sobre los Bancos, etc.), ¡estamos perdidos! Naturalmente, esto no es lo que dice la opinión publicada del CIS, y sólo consigue cambiar las cosas cuando se pregunta en abstracto en sus encuestas sobre los problemas de España, y por ello el terrorismo y la inmigración pasan a los primeros lugares. En más, la política genera desconfianza (32%), aburrimiento (16'5%), indiferencia (18'2%), y sólo le interesa al 10'2% de la población, que confiesan leer periódicos y revistas sólo el 17% (de 2.500 entrevistas). Naturalmente, no se pregunta sobre las Instituciones, la Monarquía o la Justicia, pero sí sobre los Partidos Políticos, que son, después del Estado de las Autonomías y de la Ley Electoral, el tercer problema que una III República Constitucional debería resolver, pues carecen de la más mínima democracia interna, no tienen primarias, “el que se mueve, no sale en la foto”, y además hacen carrera en la política (lo que significa que de no entrar en las listas, pasan a ser “cesantes”, como a principios del Siglo XX, cuando perdían las elecciones, es decir, quedarse en la miseria, ya que no saben hacer otra cosa).

Ha llegado el momento de que las cosas cambien, pues ya llevamos en Paz desde 1939: 68 años (36 obligados por el dictador Franco), el más largo periodo de la Historia, sin habernos metido en una guerra (bueno, casi en la de Irak, y las no muy trascendentes de Ifni, Bosnia y Afganistán).

España es hoy rica, pero apesta a corrupción, hedonismo, crispación política y falta de ilusión por el porvenir. La intromisión del Estado, incluido los Ayuntamientos y las Autonomías, es casi total en las libertades de los ciudadanos que, por otra parte, “pasan” de casi todo. No creen en la sociedad del mérito y del esfuerzo individual. Todos quieren ser funcionarios , en definitiva, ovejas del rebaño pastoreado, hormigas del “termitero” más grande del mundo, es decir, “serviles”, como lo fueron los partidarios del Absolutismo de Fernando VII que, al grito de “Vivan las cadenas, preferían el “panem et circensis” romano a la libertad, que llevó al fusilamiento de los liberales de la Constitución de 1812, “la Pepa”, que hemos tenido ocasión de celebrar el pasado mes de marzo. Riego, Torrijos, el Empecinado, y tantos y tantos mártires de la libertad, o del exilio, en la Restauración de Alfonso XII y de la II República. Esta constatación, hoy, nos ha llevado a los liberales a volver a crear nuestros Clubs Liberales, que como este mismo Ateneo, fundado por el Duque de Rivas, tienen la obligación de intervenir proactivamente para cambiar la SITUACIÓN, el RÉGIMEN, y TERMINAR CON TANTA TRANSICIÓN. ¿ A qué? A nuestra llamada III República, ¡esperemos! pues así como la Constitución de 1812 llamó Nación a la unión de los ciudadanos, a la Nación deberíamos llamarla República.

REPÚBLICA, pues así sería en verdad que todos tuviéramos las mismas oportunidades, y no habría ningún privilegiado, ni uno sólo, o sola, que estuviera por encima de cualquiera de estos niños que hoy nacen todos los días, y que en una sociedad multirracial como la nuestra nunca podrán comprender el cuento de la Cenicienta, pues no habrá Príncipe Azul que por arte de magia la convierta en Reina. Cada uno de nosotros, como antes he dicho, somos “seres únicos e irrepetibles” , y ya que la edad impida probablemente al que os habla llegar a Presidente de la República, no renuncio, ni renunciaré jamás a ese derecho para mis hijos o mis nietos, y no permitiré ni aceptaré jamás que los destinos de mi nación se vean sometidos a los problemas de familia que comportan necesariamente una Monarquía, pues bodas, separaciones, casorios, fastos y fiestas de familia, nacimientos, embarazos, etc., son hechos que pertenecen a la intimidad de la persona –y más propios del Hola o de los programas basura del corazón-, y de ninguna manera pueden ser un referente, en bien o en mal, para el futuro de España, ni puede, sin duda, tener ninguna relevancia política o social, como de hecho la tienen.

¡Quien lo haga mal, que dimita!, ¡quien robe que vaya a la cárcel! Quien perjudique a la nación, previa liquidación de responsabilidad, que se vaya a su casa!, y eso, amigos y hermanos en esta fraternidad, sólo puede ocurrir con una III República Constitucional y unas Cortes auténticamente democráticas, a quienes se pueda exigir honestidad personal, política y económica y, caso de no hacerlo, ya conoce cuál es su destino.

Por ello :

Yo acuso a la sociedad española actual, en la que me incluyo, de frívola, acomodaticia y ramplona, adocenada, instalada en el servilismo y en la contracultura, abotargada y hedonista, egoísta y preocupada sólo por el bienestar material, como lo demuestran las encuestas del CIS, y sólo parcialmente interesada por la opinión publicada, básicamente de las televisiones, que ponen a disposición de todos los ciudadanos la mayor y más amplia bazofia cultural de toda la historia de nuestro país, salvo contadas y rarísimas excepciones.

Yo acuso a la sociedad española de ser insensible al dolor, de los miles de muertos por el tráfico, o por el terrorismo, o por la enfermedad. De insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, apenas mitigado por la falsa caridad, transformándola en ocupación a veces lucrativa de las ONG, o de la Seguridad Social, o de la Ley de Dependencia, de Violencia de Género, etc.

Yo acuso a la sociedad española de corrupción en el nivel más alto jamás alcanzado, y donde los corruptos son modelos a seguir por el resto de los que no tienen oportunidad de serlo.

Yo acuso a la sociedad española de “famoseo”, donde por lo general los “famosos” objetos del deseo brillan de forma especial por sus defectos y por la incapacidad de “esforzarse” lo más mínimo, salvo para pavonearse como pavos reales.

Yo acuso a la sociedad española de “crispación” de ping-pong diario y permanente entre el Gobierno y la oposición, sin llegar jamás a ningún lado, a la vez que de profunda escisión entre izquierdas y derechas.

Yo acuso a la sociedad española de admitir la “chulería” de los terroristas vascos, que no sólo violan la legalidad sino que hacen burla de ella.

Yo acuso a la sociedad española de mentir en el día a día, de no respetar el medio ambiente, la ciencia o la cultura, y de no valorar ningún esfuerzo que no suponga dinero.

CARPE DIEM

Hegel nos lo gritaría a voces: “¡sois esclavos y no señores!” Porque nos gusta mucho más abrillantar zapatos que arriesgar en la aventura de la vida. Nadie quiere ser empresario, todos funcionarios.

¿Quién respondería que sí a un anuncio como el siguiente en los principales periódicos?: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo bajo. Mucho frío. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”...

Los hombres que contestaron en 1914 a este anuncio de Ernest Henry Shackleton pasaron dos años en la Antártida con su barco, el “Endurance”, aprisionado y destruido por los hielos. Sólo la tenacidad de su capitán logró, después de un largo viaje por los hielos, devolverlos dos años más tarde a su país.

¿Honor y reconocimiento? Son hoy palabras vacías. ¿Es que acaso el mérito no significa nada para las nuevas generaciones de españoles? Y el mérito se adquiere en la educación, que desgraciadamente, ley tras ley, ha ido fracaso tras fracaso, perdiéndose el respeto no ya a los maestros y profesores, sino a la propia cultura y a la ciencia. ¿Quién necesita aprender si una máquina diabólica: el ordenador y algún que otro buscador, nos resuelve el problema inmediato? Es cierto que Internet nos ha llevado a una Sociedad de la Información, de tales magnitudes que resulta incomprensible, sin el adecuado entrenamiento para poder establecer una crítica, como la de la Razón Pura de Kant.

Esto sería verdadero progreso, y no el “paleoprogreso” de la frivolidad que el PSOE levanta como banderas, sometiendo nuestras libertades individuales a la dictadura de las minorías, cuanto más.

Ante la globalización, la única solución es la revolución del ciudadano, individuo, frente a lo social, para poder sentirse libre en un mundo urbano, lleno de millones de seres. Debe, pues, buscar en sí mismo la razón de su existir como ser único e irrepetible, libre de elegir. Pero para ello, el conjunto de los ciudadanos debe volver a regenerar en toda la Sociedad el mérito y el valor de la ciencia, la cultura y la civilización, que nuestros mayores nos legaron, y para ello hay que luchar, que denunciar, como el “yo acuso”, de Emile Zola en la Francia de Dreyfus. Ortega y Gasset no fueron dos, como algunos estudiantes lerdos creen, sino el hombre que consiguió canalizar la libertad y los valores en el siglo XX, que el acervo cultural de los españoles había reunido en los pasados siglos. Hoy, estamos faltos de un filósofo de su talla, que proclame con voz firme la importancia de los valores y del mérito para la sociedad del futuro.

No me arrogaré ese mérito, pero sí que proclamaré, con voz bien alta, ¡españoles, huyamos de tanta miseria moral y proclamemos, como mínimo en nuestros corazones, una III República que, olvidando y amnistiando la “Memoria Histórica” de nuestros dos grandes fracasos nacionales, culminados en una guerra civil, nos permita entrar en el Siglo XXI como la gran nación que somos en Europa y en el mundo.

BERNARDO RABASSA ASENJO

Madrid, 24 de octubre de 2007

 

subir

Textos

volver a página inicial