CLUB REPUBLICANO TERCERA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 


Efigie de Clara Campoamor

“Señores Diputados: Yo, antes que mujer, soy ciudadano”
( 1931: Discurso para la aprobación del sufragio femenino )

 

CLARA CAMPOAMOR RODRIGUEZ (1888-1972)

 

Clara Campoamor merece un lugar -de honor- en la historia de la II ª República y en la del feminismo español, aunque solamente fuese por su papel absolutamente determinante en el hecho de que las Cortes Constituyentes republicanas de 1931 aprobaran el sufragio femenino. Fue la claridad de su punto de vista lo que hizo que esta propuesta se impusiera en contra de su propio partido - el radical -, del criterio de Azaña, y del criterio de socialistas como Prieto o como Victoria Kent o Margarita Nelken. Muchos pensaban que estaba el sufragio femenino -que estaba por instaurar en la República Francesa y solo existía en USA e Inglaterra- acabaría beneficiando a la derecha, evidenciando con una miserable concepción democrática, puramente "instrumental" además de errónea, ya que si las izquierdas tuvieron problemas entre 1932 y 1936, no fue por causa del voto femenino, sino por sus propios errores.

Clara Campoamor estaba tan segura del acierto de haber logrado el voto de la mujer, que cuando Concha Fagoaga y Paloma Saavedra, elaboraron la reedición de El voto femenino y yo , citaron una carta suya de 1959 a Martín Telo en la que afirma con rotundidad: " Creo que lo único que ha quedado de la República fue lo que hice yo: el voto femenino ".

El ímpetu y la constancia de Clara hizo posible que el sufragio femenino se aprobase en aquel año de 1931, en el que escribió su obra más representativa, El derecho de la mujer , donde proclamó con evidente optimismo: " El siglo XX será, no lo dudéis, el de la emancipación femenina... Es imposible imaginar una mujer de los tiempos modernos que, como principio básico de individualidad, no aspire a la libertad ".

Sin embargo, la vida y la obra de Clara Campoamor es muy poco conocida. No se recoge siquiera su nombre en el Larousse, el Monitor u otras Enciclopedias al uso, incluido un Diccionario de la Guerra Civil de reciente aparición. Clara era de procedencia humilde, nació en Madrid en 1888, en el popular barrio de Maravillas, llamado hoy Malasaña, en el seno de una familia formada por un contable y una modista, ambos de pensamiento liberal, cercano al progresismo. En 1898, cuando tenía 10 años, la prematura muerte de su padre la obligó a dejar los estudios para entrar en la vida laboral, ayudando a su madre como modista. Más tarde pasó a ser dependienta de comercio hasta 1909, año en el que ganó unas oposiciones administrativas y consiguió una plaza en el Cuerpo Auxiliar de Correos y Telégrafos, como taquimecanógrafa, uno de los contados trabajos a los que podía aspirar por su condición femenina.

Convertida en funcionaria del Cuerpo de Correos y Telégrafos, ejerciendo en Zaragoza y San Sebastián, obtuvo en 1914 una plaza en las oposiciones para profesora de taquigrafía en las Escuelas de Adultos, que ejerció en Madrid. A su trabajo como educadora añadió el de secretaria del diario La Tribuna. En 1916 se hizo socio del Ateneo de Madrid, institución que sería fundamental para ella. Pero Clara Campoamor aspiraba a más y creía en el esfuerzo personal como medio para mejorar y, así, en 1924, con treinta y seis años, logró la licenciatura en Derecho por la Universidad de Madrid. Un año más tarde se incorporó al Colegio de Abogados, iniciando entonces sus actividades políticas. En 1928, fundó con mujeres de otros países, la Federación Internacional de Mujeres de Juristas. Y en 1929 fue una de las animadoras de la Agrupación Liberal Socialista, que se integró en Acción Republicana. Pero ella prefirió entonces afiliarse al Partido Radical, por ser "republicano, liberal, laico y democrático". Su propio ideario político. Este partido republicano, liderado por Lerroux, había mostrado su interés por el sufragismo, y en los años veinte había impulsado organizaciones femeninas como "La mujer del Porvenir" y " La Progresiva Femenina ", y a principios de los años treinta " La Liga Española para el Progreso de la Mujer ", la sociedad "Concepción Arenal" y la "Asociación Nacional de mujeres Españolas", a la que perteneció María de Maeztu, quien fue directora de la Residencia de Estudiantes Femenina.


C Campoamor abogado

Aunque sus ideas sobre la igualdad, especialmente la de la mujer, la aproximaban al PSOE y hasta prologó el libro de María Cambrils, “Feminismo Socialista”, dedicado a Pablo Iglesias, Clara era liberal de los que, además, veían con malos ojos la colaboración del PSOE con la Dictadura. Ella no aceptó la propuesta oficial de entrar en la Junta del Ateneo, en 1926, ni tampoco aceptó la Cruz de Alfonso XII (que sí aceptó Victoria Kent), que le otorgó la Academia de Jurisprudencia bajo Primo de Rivera. A lo largo de su vida se mantuvo siempre fiel a su origen humilde y a pesar de su rápida ascensión social, nunca abandonó la austeridad en su vida privada ni la fidelidad a sus principios, que vio representados por la República de la primera época, y que defendió en situaciones tan difíciles como cuando asumió la defensa de los implicados en la sublevación de Jaca, Fermín Galán y García Hernández, y fue una de las voces que más sonaron contra su ejecución, exigida por los mandos del ejército que se había cubierto de ignominia en Marruecos.

La súbita descomposición de la monarquía, en 1930-1931, llevó al poder de la noche a la mañana a parte de sus clientes, convertidos en Gobierno Provisional. En 1931, las mujeres pudieron ser elegidas, pero no participar como electoras. Clara Campoamor salió diputada en las listas del Partido Radical, y formó parte de la Comisión Constitucional , de 21 diputados. Allí fue donde peleó eficazmente por imponer la no discriminación por razón de sexo, la igualdad legal de los hijos habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal, generalmente llamado voto femenino. Todo lo consiguió con facilidad, pero no el voto femenino, derecho por el que tuvo que batirse en el Parlamento. Fue un debate para la historia, y la Campoamor arrolló a sus adversarios. En un principio su posición fue minoritaria, pero luego se transformó en mayoritaria gracias al apoyo de la derecha, de parte del PSOE y de algunos republicanos. Poco después, Victoria Kent y los radicales trataron de ganar lo perdido mediante una enmienda constitucional, pero Clara la desbarató.


Clara Campoamor diputada

Después, cuando la derecha abandonó el Parlamento por la Ley de Congregaciones, tuvo lugar una última tentativa para impedir el voto femenino, pero la Campoamor no sólo se impuso en el debate sino que, contra pronóstico y por sólo cuatro votos, lo ganó. Apoyándose en el PSOE y en algunos republicanos de derecha, derrotó a los socialistas de Prieto y a los republicanos de su propio partido, el Radical, el Radical Socialista y el de Azaña. Prieto salió del hemiciclo diciendo que aquello era "una puñalada trapera a la República ". Hubo un gran escándalo. Y cuando en el 33 la CEDA ganó las elecciones y Lerroux formó gobierno, sin ellos y con ellos, toda la izquierda echó la culpa de su derrota a Clara Campoamor. Pero su partido ya no era el de Lerroux, no consiguió renovar su escaño y en 1934 abandonó el Partido Radical por su subordinación a la CEDA y a los excesos en la represión de la revolución de Asturias, que denunció con vehemencia: " Se torturaba a los acusados en las prisiones; se fusilaba a los presos sin formación de causa en los patios de los cuarteles y se cerraban los ojos a las persecuciones y atrocidades perpetradas por la policía durante aquellos dieciséis meses. Hubo sólo tres ejecuciones oficiales: ¡Cuánta clemencia! Pero hubo millares de presos y centenares de muertos, torturados y mutilados. ¡Execrable crueldad! He aquí el trágico balance de una represión, que, de haber sido severa, pero legal, limpia y justa en sus métodos, hubiera causado mucho menos daño al país ."


Dos imágenes de Clara Campoamor de 1932, con mujeres de la UR Femenina y en su regreso de París.

En 1935 escribió “Mi pecado mortal: El voto femenino y yo”, testimonio de sus luchas parlamentarias, que vale por sí mismo, pero que pasó más bien desapercibido. Cuando en 1934, había tratado de ingresar en Izquierda Republicana -fusión de radicalsocialistas, azañistas y galleguistas-, sus dirigentes la sometieron a la humillación de abrirle un expediente y votar en público su admisión, que fue denegada. Tampoco entró en las listas del Frente Popular, que ganó las elecciones de 1936, con la ayuda también del voto femenino.

La guerra la cogió desprevenida, aquella ya no era su República. Su actitud fue próxima a la de Martínez del Barrio. Creyó que aquello era una locura que se podía evitar, y se opuso a que se entregaran las armas a los sindicatos y partidos obreros, al tiempo que apoyó las posiciones más moderadas. Acabó huyendo de Madrid por temor a la represión de unas izquierdas violentas y totalitarias que se identificaban con la dictadura del proletariado. En 1937 se instaló en Lausana (Suiza), donde escribió y publicó en francés “ La révolution espagnole vue par une républicane ”.

Sus ataques a lo que define como inaceptable política del Frente Popular, los formularon desde " Los principios liberales y democráticos que no son sino una vergonzante y culpable mixtificación cuando unos hombres, o unos partidos, los invocan para encubrir todos los horrores, crueldades y expoliaciones que en Madrid he visto perpetrar durante las seis semanas en que me fue imposible abandonarlo. Contra esa abominable facción criminal levantaré siempre mi voz, mi protesta, mi espíritu. Yo no estoy al Iado de las fuerzas que han hundido en lodo y sangre la República de 1931...Los que hace cinco años saludamos a la República como el triunfo de nuestros ideales y de nuestras esperanzas, hemos podido aprender anchamente en este estadio, que importan menos las palabras que su contenido virtual, y que el símbolo en que pusimos nuestra fe, puede devenir, si sus rectores se transforman en explotadores, continente de cuanto hiere nuestro anhelo liberal y justiciero ".

En el testimonio la Campoamor , el Madrid revolucionario queda reflejado como una capital de los horrores, sembrada de checas y paseos, un lugar donde la vida de un hombre valía muy poco si no tenía amigos influyentes entre las autoridades o el carné de un partido obrerista. Es la visión decepcionada de una republicana leal. Durante julio y agosto de 1936, Clara Campoamor permaneció en el Madrid miliciano. Padeció el terror y vivió el horror de las checas y de los fusilamientos masivos. Lo escribió todo meses más tarde. Dejó Madrid en septiembre, rumbo a Alicante, junto con su anciana madre y una sobrina huérfana, a las que mantenía. No sabemos si en septiembre o ya en octubre, Clara Campoamor consiguió embarcarse en un barco de bandera alemana rumbo a Italia, con la intención de pasar a Suiza. Varios falangistas planearon asesinarla durante el viaje. No lo lograron, pero la denunciaron a las autoridades fascistas y Clara fue retenida unas horas en Génova. Luego pudo proseguir su viaje .

Su visión de la crisis de 1936 refleja el desengaño dolorido por la pérdida de los ideales y de los principios democráticos de 1931: " Si el futuro tiene que depararnos el triunfo de los ejércitos gubernamentales, este triunfo no traerá consigo un régimen democrático, pues los republicanos ya no cuentan en el grupo gubernamental. El triunfo de los gubernamentales sería el de las masas proletarias, y, como éstas están divididas, serán otras nuevas luchas las que decidan si se quedarán con la hegemonía de los socialistas, los comunistas o los anarcosindicalistas. Pero el resultado sólo puede ser una dictadura del proletariado, más o menos temporal, en detrimento de la República democrática... Si, tal y como hemos indicado, las causas de la debilidad de los gubernamentales traen consigo el triunfo de los nacionalistas, éstos también deberán empezar por instaurar un régimen que detenga las disputas internas y establezca el orden. Este régimen, lo suficientemente fuerte como para imponerse a todos, sólo puede ser una dictadura militar ".

Franco después de 1939, como Azaña en 1935, fue muy cicatero con Clara Campoamor y nunca la dejó retornar a España. En 1947, durante un breve viaje a Madrid, recibió un ultimátum de las instancias oficiales: o cumplir una condena de 12 años de prisión o delatar a compañeros masones. Ella no podía aceptar semejante propuesta.

Murió de cáncer y de nostalgia en abril de 1972 y mandó que sus restos fuesen incinerados en San Sebastián, donde reposan y donde se hallaba ella al proclamarse la II República , a cuya historia ha quedado su nombre indeleblemente ligado.

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