CLUB REPUBLICANO TERCERA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 


Thomas Paine, joven y maduro

 

THOMAS PAINE (1737-1809)

 

Thomas Paine nació el 29 de enero de 1737 en Thetford, pequeña población de Norfolk (Inglaterra). Era hijo de un piadoso predicador cuáquero. Después de una breve educación básica comenzó a trabajar, al principio para su padre y, más tarde, como oficial en la recaudación de impuestos. Durante esta ocupación Thomas Paine fue un hombre sin éxito que fue despedido de su puesto en dos ocasiones. En 1774, conoció a Benjamín Franklin en Londres, durante el viaje en el que el ilustre americano intentó una última negociación con el Gobierno británico para impedir la Revolución en América. Franklin le aconsejó emigrar a Nueva Inglaterra (América), dándole cartas de presentación y de recomendación para que pudiera hacerlo.

Paine llegó a Filadelfia el 30 de noviembre de 1774. Allí comenzó trabajando como publicista, editando su obra sobre la “Esclavitud Africana en América”, en la primavera 1775. Fue éste un texto muy crítico con la esclavitud en América, a la que calificó de injusta e inhumana. En este tiempo alcanzó el puesto de redactor de la Revista de Pensylvania. A su llegada a Filadelfia, Paine percibió en seguida la creciente tensión y el espíritu de rebelión que se expandía en las Colonias tras el Motín del Te en Boston y que alcanzó sus máximos en abril de 1775, tras los combates de Lexington y Concord, con los que se inició la Guerra Revolucionaria. Para Paine, las Colonias tenían todo el derecho de rechazar al Gobierno de Londres que había impuesto tributos en América, sin dar a los americanos el derecho de representación en el Parlamento en Westminster. Pero Paine fue aún más lejos: para él no había ninguna razón que justificase que las Colonias no se declarasen independientes de Inglaterra. El 10 de enero de 1776 Paine formuló sus ideas sobre la independencia americana en su más famosa obra, un panfleto titulado “El Sentido Común”. Esta obra, publicada anónimamente, constituyó un éxito editorial sin precedentes en América, logrando vender más de 120.000 ejemplares en los tres meses subsiguientes a su aparición.

El “Sentido Común” de Thomas Paine, se dirigía expresamente en el mismo encabezamiento del texto, a los habitantes de América, y fue la Biblia de los revolucionarios. En sus primeras páginas se afirma que:

Algunos autores han confundido mucho las ideas de sociedad y de gobierno, como empequeñeciendo la diferencia que las separa o no distinguiendo una de la otra; pero ambas ideas no solo son diferentes, sino que tienen diferentes orígenes. La sociedad es producto de lo mejor de nuestra voluntad, mientras que el gobierno lo es de nuestra maldad (...). La organización social en cada Estado es una bendición, pero el gobierno incluso en el mejor de los Estados es solo un mal necesario; en el peor de los Estados, es un mal intolerable (...). El gobierno, como la vestimenta, es el símbolo de la pérdida de la inocencia; los palacios de los reyes están construidos sobre las ruinas de los jardines del paraíso ”.

En su obra, Paine expresaba un acendrado sentimiento republicano. Enemigo acérrimo de los poderes despóticos de la monarquía absoluta, realizaba al mismo tiempo una crítica implacable del régimen parlamentario inglés en la configuración que tenía entonces, y al que calificaba de tiránico y antidemocrático. Un parlamentarismo, como el inglés de la época, que justo en ese momento estaba dando, entre otros malos ejemplos, el pésimo precedente de anteponer, a cualquier otra consideración, sus intereses imperialistas sobre las colonias.

Los intentos de la Corona y del Parlamento ingleses de recortar los derechos de los colonos americanos, quienes solo pretendían obtener la igualdad fiscal y política con los ingleses de la metrópoli, bien podían y debían ser descalificados por su carácter tiránico. Aunque debe precisarse que esa descalificación se hacía desde una perspectiva muy concreta, la del racionalismo ilustrado del siglo XVIII. La defensa de los derechos naturales del hombre a la libertad, la igualdad y la propiedad, que la Ilustración proclamaba, eran ideas que habían arraigado muy profundamente en los usos sociales y en las conciencias de los norteamericanos de la época revolucionaria.

Paine fue uno de los más claros exponentes teóricos del carácter esencialmente político que tuvo la “Revolución Americana”, al señalar que la sublevación de los colonos se dirigía contra el gobierno tiránico del Parlamento británico. Pero la obra de Paine proponía la independencia también por otras razones no menos importantes. Paine creía firmemente que los rebeldes americanos tenían en sus manos la posibilidad de volver a empezar de nuevo la historia del mundo, deshaciéndose esta vez de los modos de gobierno propios de las metrópolis europeas, unos modos de gobierno que habían resultado ser tiránicos y corruptos, incluso en el aparentemente liberal mundo del parlamentarismo inglés.

Paine soñaba con que ese retorno a un nuevo comienzo se podría realizar sobre los nuevos principios de la libertad y los derechos del hombre levantados por la Ilustración y lejos de los viejos y caducos principios de orden asociados a los despotismos que imperaban en Europa. Por ello, Paine proponía que el objetivo político fundamental de la rebelión americana tenía que ser la consecución de la más eficaz garantía y salvaguardia de los derechos humanos, mediante la constitución de un nuevo Estado, democrático en su formulación y republicano en su configuración.

Durante la Guerra de Independencia (1776-1783), Paine se alistó como voluntario en el Ejército Continental, combatiendo a las órdenes de G. Washington, y comenzó a escribir su obra “ La Crisis Americana ”, que publicó entre 1776 y 1783. En 1777, fue nombrado Secretario del Comité de Asuntos Exteriores en el Congreso, pero en 1779 tuvo que dimitir porque revelar información secreta. En los nueve años siguientes trabajó para la Asamblea de Pensylvania y publicó varias de sus obras.

En 1787, Paine regresó por un tiempo a Inglaterra. El propósito inicial era recaudar fondos para edificar un puente diseñado por él, pero el estallido de la Revolución francesa le hizo sentirse profundamente implicado y fue a Francia. Entre marzo de 1791 y febrero de 1792 él publicó la primera edición de su obra “Derechos del hombre”, en la que defendió la Revolución francesa contra los ataques lanzados por Edmund Burke en sus “Reflexiones sobre la Revolución en Francia”. La obra de Paine fue algo más que una defensa de la Revolución Francesa. En realidad se trataba de un análisis de las verdaderas raíces del descontento en Europa, que él situó en el gobierno arbitrario, la pobreza, el analfabetismo, el paro y la guerra. El libro fue prohibido en Inglaterra porque era contrario a la monarquía. Paine estuvo a punto de ser detenido cuando se encaminaba hacia Francia, donde había sido elegido diputado en la Convención Nacional. Aunque era un verdadero republicano, fue encarcelado en 1793 por Robespierre, acusado de haber votado contra la ejecución del rey destronado a Luis XVI. Durante su encarcelamiento, comenzó la publicación de su obra “ La Edad de la Razón ”, una obra escrita para destacar los logros de la Ilustración , que le valió ser acusado de ateísmo.


( Caricaturas de la Revolución Francesa y de Thomas Paine y su Edad de la Razón )

Tras su liberación, permaneció en Francia hasta 1802, año en que retornó a América, tras aceptar la invitación de regresar que le hizo el Presidente Jefferson. Éste admiraba a Paine, con el que había mantenido una estrecha relación cuando Jefferson fue embajador de los Estados Unidos en París. Pero su regreso a los Estados Unidos fue muy decepcionante. Se vio incomprendido y tratado casi como un “desertor”, cuando no simplemente “olvidado”, pese a lo mucho que él había hecho por América en la época revolucionaria. Entre 1802 y 1809, Paine siguió lanzando sus escritos críticos. Escribió contra la doble moral puritana, contra los Federalistas, contra los Demócratas y sobre la superstición religiosa, lo que le valió perder amigos y ganar enemigos.

Después de su muerte, acaecida en la ciudad de Nueva Cork, el 8 de junio de 1809, los periódicos escribieron: Paine ha vivido mucho tiempo, hizo algo bueno y mucho daño, que el tiempo juzgará. Fue un epitafio tan indigno como injusto. Porque Paine fue el gran teórico de la Revolución que nunca se acomodó, que nunca se rindió. Descanse en paz.

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